
Compré un vestido usado, desteñido por el tiempo, opacado por los años; quise llevarlo porque me enamore de él. Aunque decidí arreglarlo, darle vida y color.
Me dirgí a una callecita calurosa y sombría, con azulejos azules, y con casas de las cuales colgaban sus terrazas y se escapaban una alegres flores.
Me acerque a una casita que tenía un cartel verde, entré y saludé, una anciana se me acercó preguntandome que quería; un poco asustada le conteste apresuradamente, "arreglar mi vestido", ella no me entendió y me pidió explicaciones. Le conté del encantamiento que me había producido al verlo, sus desteñidos colores, la idea de que quizas era mas viejo que yo, que tuvo una agitada vida, lo que me produjó una atracción inmensa.
Ella me entendió, me vendió un millon de brillantes lentejuelas de todos colores y tres hilos transparentes.
Camino a mi casa, vi a millones de mujeres con hermosos vestidos, sí, reconozco, quería ser como alguna de ellas, o sea, que mi vestido quedará como que hubiese sido hecho para mí.
Abrí la puerta de mi casa, y miré directamente hacia donde estaba mi vestido, estaba intacto, gracias a dios nada le había ocurrido.
Lo tomé y empecé a ponerle las lentejuelas, mientras lo hacía me pinchaba, incluso hasta rompí uno de mis dedos, manchando levemente con sangre mi vestido, una marca que lógicamente nunca se borrará, pero que taparé con otra lentejuela, para que no se vea y no me recuerde el dolor. Seguí afanosamente poniendo una tras otra perfectamente, no terminé hasta tres días, fue una ardua tarea, pero lo terminé y quedó perfecto o al menos eso creía.
Opté ponermelo el viernes en una fiesta, para que todos así lo vieran y se fijaran lo ideal que era para mí.
Me lo puse el día pensado, pero me incomodada bastante, no me sentía agusto con él, la transformación lo había cambiado, había perdido su escencia. Lloré desconsoladamente dejando el vestido húmedo lo que ocasinó que se deshicieran un par de lentejuelas.
Me senté en una fuente, comencé a pensar concentradamente en el porque de toda la situación, porque algo que parecía tan perfecto, en mí no se veía así. Concluí que era porque ese vestido no estaba hecho para mí, aunque me encantara jamás se vería tan espectacular como se veía en su dueña original, y aunque lo modidifique intentando adaptarlo a mí jamás será realmente mío, porque está hecho para otra persona que no soy yo.






