
Son diez para las nueve, estoy con una amiga hablando de la vida y de lo extraña que siempre es con nosotras, también hablamos de lo mismo y de los mismos.
Comentamos los planes, estaba feliz, ya no angustiada pero sí expectante.
Había decidido poner fin a lo inconcluso a lo que empezó hace ya casi tres años y que nunca terminó, no sabía, ni sé, lo que vaya a resultar de eso.
Acompáñame a fumar; me dice. Hacía mucho frío, supongo que a eso se debía mi risa o quizás, solo era nerviosa, es que estaba siendo cómplice de mis pensamientos, no los quería reconocer.
Mientras sacaba la arena de mis zapatillas, nos cuestionamos como sería si la situación si fuese totalmente diferente y por supuesto la respuesta fue satisfactoria momentáneamente, la situación irreal había despejado mis dudas parcialmente, lo que hizo que pusiera fin a mis pensamientos
Entramos, ¡uf! Menos mal, me asustaba un poco estar hablando con mi confesor a obscuras, no veía la expresión de su cara, aunque supongo debe haber sido condescendiente ya que no me dejó penitencia, solo me escuchó y comprendió, supongo que por la situación similar vivida por ella algún tiempo atrás.
Seguimos hablando estaba cansada pero no quería irme, no quería dejar de hablar con ella, por que además de pasarlo siempre muy bien las dos, esta vez me ayudaba a pensar más claramente en él, a recordarlo.
Nos da hambre, vamos a comer algo, esto me ayuda a pensar…“La cosas que quieres son las que más cuestan ó ¿las cosas que más cuestan son las que quieres?”, surgió esa gran duda alguien me dijo alguna vez lo primero pero, ¿ que pasa si fuese al revés?, muchas cosas cambiarían, mi mundo por ejemplo, por eso ahora busco también esa respuesta, intentaré descubrirla viviendo.
Suena mi teléfono me vienen a buscar, sé que en poco tiempo más voy a dormir pero antes quiero pensar un poco más en ti.